Esta semana en la ciencia 13|18

Portada Semana Ciencia 2

  • El olor y la conducta en la Drosophila melanogaster

  • Cultura animal

  • Influencias tempranas en la construcción ceremonial maya del preclásico

El olor y la conducta en la Drosophila melanogaster

Semana - 1318 - 1 DrosophilaLos corpora pedunculata (cuerpo fungiforme) de la Drosophila melanogaster (mosca de la fruta) constituyen un centro cerebral asociativo que traduce las representaciones del olor a respuestas conductuales aprendidas. Las neuronas intrínsecas de este órgano (células Kenyon) son las encargadas de integrar las entradas de los glomérulos olfativos para codificar los olores como patrones distribuidos de actividad neuronal. En un estudio recientemente publicado en la revista Nature, un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia da cuenta del desarrollo de técnicas anatómicas de trazado para identificar el origen glomerular de las entradas que convergen en doscientas células Kenyon individuales. Muestran que cada célula Kenyon integra la información de una combinación de glomérulos diferente y aparentemente aleatoria. Las entradas glomerulares hacia las células Kenyon no muestran una organización reconocible que se pueda relacionar con cualidades específicas e incluso se observa que diferentes clases de células Kenyon no parecen mostrar preferencias en la integración de entradas provenientes de combinaciones específicas de glomérulos. Esta información ha permitido a los investigadores concluir que esta organización de conexiones glomerulares hacia el cuerpo fungiforme podría posibilitar que la mosca contextualice experiencias sensoriales nuevas, cualidad consistente con el rol que este centro cerebral tiene como mediador entre asociaciones olfatorias aprendidas y las conductas.


Cultura animal

Semana - 1318 - 2 MegapteraRegularmente, cuando se habla de cultura -y especialmente cuando se quiere definirla-, se hace siempre referencia a lo que el Homo sapiens produce, conserva y transmite, con énfasis en lo humano. Sin embargo, desde una perspectiva más amplia, son cada vez más los estudiosos de diversas disciplinas que abordan los comportamientos tanto grupales como individuales de otras especies como fenómenos “culturales”.

Vistos así, resultan de relevante interés e importancia científica fenómenos como el aprendizaje y la transmisión de información cultural, los cuales son esperados y han podido ser observados en especies con altos niveles de sociabilidad o longevidad. En estos casos, la transmisión de información cultural ocurre cuando los individuos aprenden de otros con más experiencia o cuando los integrantes de un grupo aceptan determinadas formas de comportamiento como la norma local.

Dos investigaciones de la Universidad de St. Andrews, en Reino Unido, y publicadas esta semana en la revista Science, abordan este tema con metodologías distintas y tomando como objetos de estudio especies de mamíferos muy distintas: ballenas y primates.

Para su estudio, Jenny Allen y sus colaboradores aplicaron técnicas de análisis de difusión para medir la dispersión de una conducta novedosa que fue registrada por primera vez en 1980, en un solo individuo, y que se ha esparcido por una buena parte de la población de ballenas jorobadas. Para ello se utilizaron registros obtenidos a lo largo de veintisiete años. Se trata de una técnica de alimentación que no se había visto nunca antes de aquel año y que actualmente es utilizada por un gran número de ballenas. Se le llama “lobtail feeding” debido a que inicia con uno o varios golpes de cola que el animal da en la superficie del agua con el fin de agrupar a los peces presa para posteriormente generar la burbuja que los mantiene “como en una red” -conducta esta ya conocida- y entonces atravesar esa burbuja con la boca abierta para atrapar un buen número de ejemplares. Varios elementos refuerzan la hipótesis de la transmisión cultural de esta conducta como el hecho de no representar una ventaja evolutiva clara en términos de selección natural ni sexual, que la transmisión no se da de padres a hijos sino entre pares e incluso se ha observado que los individuos que ya han aprendido y utilizan esta técnica tienden a agruparse. En este mismo sentido, los investigadores refieren que los modelos que incluyen el componente de transmisión social son varias veces más consistentes que aquellos que no lo consideran. Asimismo, consideran que sus resultados, complementados con lo que se conoce de las tradiciones de canto en las ballenas, muestran que esta especie puede mantener múltiples tradiciones que evolucionan de manera independiente en sus poblaciones y que esto a su vez refuerza la idea de que los cetáceos representan el culmen en la evolución de la cultura no humana e independiente del linaje de los primates.

Por su parte, un equipo de investigadores encabezado por Erica van de Waal, realizó pruebas experimentales con individuos de mono verde para evaluar el aprendizaje social ante cambios de alimentación adoptados por un grupo y que no constituyen una conducta innata. Muestran que los individuos pueden abandonar preferencias de alimentación personales para adoptar normas grupales nuevas para ellos. En primer término, el grupo aprende a evitar la opción amarga de entre dos alternativas de alimento. Meses después se encontró que individuos juveniles, que desconocían esos alimentos, adoptaron las preferencias maternas. Por otro lado, machos migrados entre grupos cambiaron a la norma local del nuevo grupo. De acuerdo a los investigadores, estos efectos del aprendizaje social en animales salvajes representarían una fuerza modeladora de diferencias grupales mucho más potente de lo que hasta ahora se había reconocido.


Influencias tempranas en la construcción ceremonial maya del preclásico

Semana - 1318 - 3 CeibalEl estudio del periodo preclásico medio de la civilización Maya (1000 al 700 a.C.) es de suma importancia ya que fue alrededor del 900 a.C. que los mayas de las tierras bajas comenzaron a construir complejos de grandes pirámides en torno a una plaza principal. El consenso general da hasta ahora un papel preponderante a la influencia que tuvieron los grupos olmecas del Golfo de México en este desarrollo; lo que no obsta para que haya aún interrogantes esenciales respecto a otras influencias dentro de la región sur de Mesoamérica.

Con base en datos obtenidos en recientes excavaciones  en el sitio maya de El Ceibal, Guatemala, un equipo de investigadores de Japón y Estados Unidos, encabezado por Takeshi Inomata, reporta el desarrollo de incipientes complejos ceremoniales con plaza y pirámide que han podido ser ubicados temporalmente –mediante el uso de radiocarbono- en fechas anteriores a construcciones similares encontradas en otros sitios de las tierras bajas e incluso en el sitio olmeca de La Venta, en el Golfo de México.

En su artículo, recientemente publicado en la revista Science, los investigadores concluyen que “… El desarrollo de la civilización maya de las tierras bajas no fue el resultado de la única influencia unidireccional de La venta, sino de interacciones interregionales que involucraban grupos del suroeste de las tierras bajas, Chiapas, la costa del Pacífico y el sur de la costa del Golfo”.


Con información de artículos publicados en Nature 7446 del 25 de abril de 2013 y Sciencie 6131 del 26 de abril de 2013

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