Esta semana en la ciencia 14|21

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  • El ruido magnético y la orientación de las aves migratorias

“Dado que el funcionamiento de las brújulas depende directamente de las líneas del campo magnético terrestre, diversos sectores sociales han mostrado preocupación por la posibilidad de que las emisiones de ondas electromagnéticas generadas por el hombre, sean un factor de perturbación de los comportamientos migratorios de las aves.”

Las aves migratorias utilizan diversas estrategias para orientarse en los recorridos que por temporadas hacen a lo largo del planeta. Una de estas estrategias tiene que ver con lo que se denomina comúnmente brújula magnética, por asimilación con las funciones que realiza dicho instrumento en la navegación.

Dado que el funcionamiento de las brújulas depende directamente de las líneas del campo magnético terrestre, diversos sectores sociales han mostrado preocupación por la posibilidad de que las emisiones de ondas electromagnéticas generadas por el hombre, sean un factor de perturbación de los comportamientos migratorios de las aves.

Esta semana se publicó un artículo en el que se da cuenta de los procedimientos y resultados de un experimento llevado a cabo por científicos de la Universidad de Oldemburgo en Alemania. El punto de partida fue una serie de observaciones realizadas entre 2004 y 2006, de petirrojos europeos (Erithacus rubecula) que mostraron una evidente desorientación en un ambiente magnéticamente desprotegido.

El experimento se diseñó con el fin de probar los efectos que podía tener el aislamiento del ruido magnético en los animales, así como su exposición a ondas electromagnéticas controladas, que simulaban distintas posibilidades de ruido. Para ello se diseñó un sistema de aislamiento magnético con aluminio conectado a tierra. El primer paso fue mostrar que el aislamiento proporcionado por el sistema, efectivamente provocaba que las aves volaran en la dirección correcta, mientras que al desconectarse, se volvía a presentar la desorientación. La siguiente etapa consistió en simular el ruido magnético a distintas frecuencias, con el fin de delimitar el rango en el cual surge la perturbación.

Sus resultados mostraron que la afectación a la brújula magnética de los petirrojos, se presentó en frecuencias que van desde los 50 kHz hasta los 5 MHz. En entrevista para la revista Nature, que publicó el artículo, Henrik Mouritsen, quien estuvo al frente del proyecto, subrayó que este rango de frecuencias es básicamente el que corresponde con las ondas de radio de amplitud modulada y que por tanto no hay perturbación en frecuencias mayores como las de los teléfonos celulares, en los que ya se habla de Gigahertz, ni las del tendido eléctrico que emiten ondas de 50 Hz. Asimismo, el autor hace hincapié en el hecho de que la sensibilidad magnética es sólo una de varias estrategias de orientación en las aves, por lo que éstas pueden tener cierto nivel de control en ambientes de ruido magnético como las ciudades y que una vez superada la región con ruido, el sistema de orientación se restablece.


Con información del artículo publicado en Nature 7500, del 15 de mayo de 2014

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